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Hay molestias dentales fáciles de identificar: una muela que reacciona intensamente al frío, una caries visible o un dolor que aparece al masticar. Pero existe otra situación que suele generar bastante desconcierto: un diente que aparentemente está sano, no presenta ninguna rotura visible y, sin embargo, duele al tocarlo, presionarlo ligeramente o empujarlo con la lengua.

Algunos pacientes describen la sensación como si el diente estuviera “magullado”. Otros sienten una presión localizada o tienen la impresión de que esa pieza está diferente a las demás. Incluso puede ocurrir que no exista dolor mientras la boca está en reposo y la molestia aparezca únicamente cuando se ejerce una pequeña presión.

Aunque desde fuera el diente parezca completamente normal, existen varias estructuras alrededor y dentro de la pieza que pueden explicar esa sensibilidad. Por eso, cuando un único diente empieza a doler al tocarlo, lo importante es averiguar qué ha cambiado.

El diente no está unido directamente al hueso

Para entender este tipo de dolor hay que conocer una estructura de la que pocas veces hablamos: el ligamento periodontal. Entre la raíz del diente y el hueso existe un conjunto de fibras microscópicas que mantienen la pieza en su posición y funcionan como un sistema de amortiguación.

Cada vez que mordemos, estas fibras ayudan a absorber y distribuir las fuerzas que recibe el diente. También contienen receptores capaces de detectar presión.

Cuando el ligamento periodontal se inflama o recibe una carga excesiva, el diente puede volverse especialmente sensible a la presión. El paciente siente que la pieza duele al tocarla o al empujarla ligeramente aunque el esmalte y la corona parezcan estar en perfecto estado.

Una sobrecarga puede hacer que el diente se sienta “golpeado”

Una causa posible es que esa pieza esté soportando más fuerza de la que debería. Puede ocurrir cuando un diente entra en contacto antes que los demás al cerrar la boca o cuando existe un hábito de apretamiento.

Imagina una pieza que recibe cientos o miles de contactos adicionales cada día. Aunque no exista una caries ni una fractura evidente, los tejidos que rodean su raíz pueden terminar irritándose.

Es entonces cuando algunos pacientes describen esa sensación tan característica de tener un diente “dolorido por dentro” o ligeramente diferente a los demás.

En estos casos, estudiar cómo encajan los dientes puede resultar tan importante como examinar la propia pieza.

El bruxismo también puede provocar esta sensación

Apretar o rechinar los dientes somete a determinadas piezas a fuerzas muy superiores a las que reciben durante una masticación normal. Además, el paciente puede hacerlo mientras duerme y no ser consciente de ello.

Después de una noche de apretamiento intenso, uno o varios dientes pueden sentirse sensibles a la presión. También pueden aparecer tensión mandibular, dolor de cabeza al despertar o sensación de cansancio en los músculos de la cara.

No todos los pacientes con bruxismo presentan los mismos síntomas. Algunos desarrollan principalmente desgaste, mientras que otros notan molestias muy localizadas en determinadas piezas.

Una infección también puede empezar de esta manera

Otra posibilidad que debe descartarse es un problema relacionado con el interior del diente. Una caries profunda, un traumatismo antiguo o una alteración de la pulpa pueden terminar afectando a los tejidos situados alrededor de la raíz.

En estas situaciones, el diente puede empezar a resultar sensible al tocarlo o ejercer presión sobre él. Conforme el proceso evoluciona pueden aparecer dolor espontáneo, inflamación o sensación de que la pieza está ligeramente más alta que las demás.

Sin embargo, no siempre existe un dolor intenso desde el principio. Algunas alteraciones evolucionan lentamente y comienzan únicamente con una pequeña sensibilidad localizada.

Un diente puede estar afectado aunque no veas una caries

Mirarse frente al espejo y no encontrar ningún agujero no permite descartar una lesión dental. Algunas caries comienzan entre dos piezas, debajo de una restauración o en zonas difíciles de observar.

Una lesión profunda puede afectar al interior del diente sin producir inicialmente grandes cambios visibles en la superficie.

Por eso, cuando una pieza presenta síntomas sin una causa evidente, puede ser necesario complementar la exploración con pruebas diagnósticas que permitan observar estructuras que no pueden evaluarse directamente.

Las fisuras pueden ser extremadamente pequeñas

Una fisura dental tampoco tiene por qué ser visible. Algunas son tan finas que resultan difíciles de identificar incluso durante una exploración convencional.

Pueden aparecer por bruxismo, traumatismos, sobrecargas o por el debilitamiento progresivo de dientes con restauraciones extensas. Dependiendo de su localización, pueden provocar sensibilidad a la presión, dolor al masticar o molestias intermitentes que aparecen y desaparecen.

El diagnóstico resulta especialmente importante porque el tratamiento y el pronóstico dependen de la profundidad y extensión de la fisura.

Un golpe antiguo puede volver a dar señales tiempo después

No todos los traumatismos dentales producen consecuencias inmediatas. Un golpe durante la infancia, una caída o un impacto practicando deporte pueden afectar al diente aunque aparentemente no se haya roto.

En determinados casos, la pieza permanece durante mucho tiempo sin síntomas y posteriormente empieza a presentar cambios de color, sensibilidad o molestias.

Por eso, cuando un diente empieza a doler sin una causa evidente, conocer si ha sufrido algún traumatismo anteriormente puede aportar información importante para el diagnóstico.

¿Por qué a veces parece que el diente está más alto?

Algunos pacientes explican que la pieza dolorida parece tocar antes que las demás cuando cierran la boca. No siempre significa que el diente se haya desplazado realmente.

Cuando los tejidos que rodean la raíz están inflamados, la percepción de la presión puede cambiar y el paciente puede sentir esa pieza de manera mucho más intensa.

Si además existe una sobrecarga de la mordida, cada contacto vuelve a estimular la zona y puede mantener la molestia. Por eso conviene valorar tanto el estado del diente como la forma en la que está trabajando dentro de la mordida.

¿Conviene dejar de tocar el diente para comprobar si sigue doliendo?

Cuando aparece una molestia nueva es muy habitual comprobarla constantemente con la lengua o incluso presionar el diente con los dedos. El problema es que repetir ese gesto muchas veces puede mantener irritada una zona que ya está sensible.

Lo recomendable es evitar manipular continuamente la pieza y observar cómo evoluciona. Si la molestia persiste, aumenta o aparece también durante la masticación, es preferible realizar una valoración para identificar su origen.

¿Cuándo deberías pedir una revisión?

Conviene acudir al dentista cuando el dolor al tocar el diente se mantiene durante varios días, aumenta progresivamente o se acompaña de sensibilidad intensa, dolor espontáneo o molestias al masticar. También merece atención si aparece inflamación, cambio de color, movilidad o sensación de que la pieza toca antes que las demás.

Si existe hinchazón importante, fiebre o un dolor intenso que aumenta rápidamente, la valoración debería realizarse con mayor rapidez porque puede existir un proceso infeccioso.

Cuanto antes se identifique la causa, más posibilidades existen de solucionar el problema antes de que evolucione.

Un diente que parece sano también puede estar avisando

El aspecto exterior de una pieza no siempre refleja todo lo que ocurre en su interior o en los tejidos que la sostienen. Una sobrecarga, una inflamación alrededor de la raíz, una fisura o un problema pulpar pueden provocar síntomas antes de que exista cualquier cambio visible.

En Clínica Dental San Benito estudiamos este tipo de molestias valorando el diente, los tejidos que lo rodean y la forma en la que participa en la mordida. El objetivo no es únicamente comprobar dónde duele, sino entender qué está haciendo que una pieza que antes pasaba completamente desapercibida haya empezado a sentirse diferente.

Porque cuando un diente duele al tocarlo, aunque aparentemente esté sano, esa sensibilidad puede ser precisamente la primera señal que permita detectar el problema a tiempo.

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